Energyscapes

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“From the point of view of Physics, right now we don’t know what energy really is. We have no evidence that energy comes in small quantities, like drops. What we do know is that all matter is energy in repose and that energy is manifested in lots of forms that are interrelated by numerous mechanisms of conservation.” – Richard P. Feynman, The Feynman Lectures on Physics 1961-1963 –

Con esta cita de Richard P. Feynman, premio Nobel de Física de 1965, comienza el libro de la colección Land&Scape, titulado Energyscapes – Paísajes de Energía. Conociendo la preparación de su autor, Aleksandar Ivančić (Ing. Mecánico con Maestría en Ing. Termoenergética y Doctorado en Ciencia Térmica), cualquiera podría pensar que la lectura sería pesada y llena de tecnicismos. Sin embargo, Ivančić logra un libro tan ligero y digerible, que lo hace por demás una lectura obligada para cualquier persona interesada en la energía y el paisaje.

Ivančić analiza la transformación del territorio mediante los sistemas y las cadenas de producción, los artefactos existentes y futuros (abandonados y reciclados), y las propuestas paisajistas y urbanistas que cicatrizan la piel de la Tierra cuando la energía y la necesidad del hombre, entran en contacto con ella.

El cambio en el paisaje energético comienza con la experimentación y la guerra de corrientes de dos grandes inventores: por un lado Nikola Tesla y la corriente alterna – CA; y por el otro, Tomas A. Edison y la corriente directa – CD. Mientras que Edison podía proveer CD en un radio de una milla, Tesla y Westinghouse podían enviar la CA a grandes distancias, haciéndola más viable comercialmente. Es entonces que JP Morgan decide financiar a Tesla y para 1903, construyen la torre de Wardenclyffe en Long Island, NY. Morgan al percatarse de que no sería posible “ponerle un medidor”, decide retirar los fondos dejando la torre sin funcionar y cambiando por completo el rumbo de la civilización.

Posterior a este capítulo de la historia, se presentaron varios proyectos de especulación energética. Uno de los más ambiciosos se da en 1928, cuando el arquitecto Herman Sörgel promovió la creación de una presa hidroeléctrica en el estrecho de Gibraltar de 35 km de largo. Atltantropa habría aislado el mar Mediterráneo y generado un caudal de 88mil m3 de agua por segundo, teniendo una producción de 50mil megavatios, equivalentes a 31 reactores nucleares. Uno más de los proyectos especulativos fueron las ciudades Nuplex del programa “Átomos por la Paz” del Pdte. de E.U., D. Eisenhower, destinado a la creación de clústers industriales – agroalimentarios y presentado en Conferencia de la ONU sobre el uso pacífico de la energía nuclear en Ginebra en 1964.

Si bien los reactores nucleares en el mundo son varios, el mayor consumo energético hoy en día le corresponde a la combustión de hidrocarburos o combustibles fósiles. Un recurso no renovable y por demás dañino para el planeta, que tiene sus mayores reservas de petróleo en Venezuela y Arabia Saudita; y de gas en Irán y Rusia. Es así que, gracias al confort que nos brindan las gasolineras y los enchufes eléctricos, hemos empezado a sufrir del síndrome ‘NIMBY’ Not In My Back Yard por sus siglas en Inglés. “No digo que no sea necesario, pero póngalo en otra parte”.

Esos artefactos que se encuentran fuera de nuestra visión diaria, son los que intervienen con mayor fuerza cambiando y moldeando la morfología geológica e hidrológica del territorio. Comenzando con la extracción y la construcción de minas, de pozos y plataformas petroleras, de presas y de granjas solares que cubren superficies extremadamente extensas. Para continuar con la transformación, que se realiza muchas veces en “ciudades”, “murallas”, y “rascacielos”; debido a las dimensiones de las refinerías, de las hidroeléctricas y de las torres solares donde se lleva a cabo el procesamiento. Como ejemplos basta mencionar las refinerías de Paraguaná en Venezuela y la Isla de Jurong en Singapur, las presas Grande Dixence en Suiza y las Tres Gargantas en China, sin olvidar la planta Gemasolar en España. De aquí, las líneas continuas y punteadas del transporte de energía son cada vez más visibles en el paisaje natural y urbano; los cables eléctricos, oleoductos y gasoductos, trenes y barcos petroleros, cruzan países sorteando fronteras al igual que cualquier viajero.

Las divisiones políticas entre países no existen para la naturaleza. La creciente demanda energética ha suscitado sacrificios y accidentes que borran estas líneas imaginarias y nos hacen conscientes que vivimos en un mismo planeta al que debemos cuidar y respetar. La creación de la presa de Asuán en Egipto, obligó a la evacuación forzada de 90mil pobladores y la inundación de sitios de interés arqueológico. El accidente nuclear de 1986 en Chernobyl generó una nube radioactiva que cubrió y a su vez unió a la mayor parte de Europa. Tan sólo en 2011, el desastre nuclear en Fukushima ha tenido alcances en 3 continentes; el este asiático, el australiano y el oeste del continente americano. Los repositorios del desperdicio nuclear se encuentran en más de 10 países, pero poco se conocen por ser subterráneos y submarinos.

El reciclaje de estos artefactos energéticos, es cada vez más común entre arquitectos reconocidos internacionalmente. No podemos dejar de mencionar la reconversión de la antigua planta eléctrica en la Galería de arte del Tate en Londres por Herzog & De Meuron; los edificios de vivienda Frøsilo en Copenhague por MVRDV; el complejo de usos mixtos en los antiguos contenedores de gas en Viena por Jean Nouvel, Coop Himmelblau, Manfred Wehdorn y Wilhelm Holzbauer; o el masterplan de OMA para la reactivación de la antigua refinería de carbón de Zollverein en Alemania, declarada patrimonio mundial por la UNESCO.

El renacimiento de estos sitios nos permite visualizar un futuro mejor, en el que cada vez somos más conscientes del impacto que tiene nuestro consumismo energético, invitándonos como arquitectos y planeadores a generar proyectos que se integren de manera simbiótica con el metabolismo urbano y territorial de nuestro planeta.

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